Gloria Valdez

Educación, Música y Artes


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Hábitos inconscientes

Por Gloria Valdez

Participando en días pasados en una conversación, me llamó mucho la atención, mejor dicho, robó la atención irrumpiendo la charla y auto definiéndose como punto focal de la conversación una mujer de mediana edad; para ser precisa, es una mujer que cuenta con 55 años de edad aproximadamente y quien siempre se había distinguido por su educación y buen gusto, sin embargo escuchando su platica, era notorio que de esa educación y buen gusto no quedaba mucho o quizá, no quedaba nada.

Me quedé extremadamente sorprendida y lógicamente reflexionando al respecto; ¿cómo una persona, independientemente de la edad o estatus social, puede cambiar tanto y en tan poco tiempo según las amistades que frecuenta o las nuevas personas en sus círculos de vida?

Verdaderamente fue sorprendente escucharle hablar con un vocabulario tan vulgar, de una forma hasta agresiva, conociéndola de toda una vida y sabiendo de los gustos que la distinguían, su sensibilidad y solidaridad, su buen comportamiento, su esencia y personalidad resultado de la excelente educación que le heredaron sus padres, su iniciativa para siempre brindar apoyo y extender su mano a quien lo necesitará. ¿En dónde había quedado esa mujer, qué fue lo qué pasó, en qué momento?

Cuando llegamos a analizar el comportamiento de nuestros niños y adolescentes comúnmente encontramos respuesta a cada mala actitud que ellos muestran culpando a los medios de comunicación, al sistema educativo o, en determinando momento si hacemos uso de la honestidad igualmente decimos que los padres de familia son los culpables de su inmadurez por darles todo y cumplirles sus caprichos; sin embargo en esta ocasión estamos mencionando las actitudes y comportamiento de una persona adulta que cuenta con más de 50 años de vida. Una persona que durante sus primeros 52 años de existencia siempre mostró que poseía una educación íntegra y de total calidad, mostró valores, elegancia y un excelente nivel de vida. El indagar y conocer a sus nuevas amistades nos arrojó la respuesta a tan insistentes interrogantes, qué le pasó, qué sucedió?

En ese momento llegaron a mi mente aquellos refranes que decían nuestros padres en forma insistente… “dime con quien andas y te diré quien eres”, “el que con lobos anda a ahuyar aprende” y esto solo por mencionar algunos, el punto interesante aquí es darnos cuenta que… independientemente de la edad de las personas o de su nivel social, los hábitos tanto positivos como negativos de los individuos que frecuentamos, de nuestras amistades y por lógicas razones de nuestra familia, se vuelven también nuestros hábitos y costumbres, hábitos inconscientes.

Es importante aprender a observar, pero sobre todo cuidar la selección que hacemos de compañeros de viajes, aventuras, juegos, estudio o diversión ya que a la larga sus hábitos serán nuestros hábitos y viceversa. No hagamos común comportamientos groseros, vulgares o agresivos. Procuremos que si algo se tiene que imponer, que esto sean siempre los buenos modales, valores y actitudes.

Hagamos conscientes los hábitos inconscientes.